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Amigables ermitaños By Andrés Benavente Photos: Nicole Letelier & MIke Quigley
 Desde niño vi con curiosidad a estos insólitos seres. Cuando por fin los conocí en vivo, mi asombro y atracción se multiplicó. Aquel día no eran unos cuantos sino miles los que cubrían la playa. Al quedarnos en silencio, podíamos escuchar sus pasos entre las hojas y ramas junto a los chirridos que emiten al conversar entre sí.
A pesar de su nombre, los ermitaños son en realidad seres muy sociables, que viven en colonias de entre 10 y 150 individuos y establecen relaciones de cooperación con otros seres como anémonas y esponjas, que les sirven de defensa o camuflaje. Además, todo ermitaño marino es acompañado por un poliqueto, un pequeño gusanito limpiador que vive con el y se alimenta de las sobras que deja el cangrejo.
En el mundo, hay unas 500 especies de ermitaños. La gran mayoría son acuáticos aunque en los trópicos existen varias especies terrestres que tanto encantan a los niños que juegan en nuestras playas.
 Lo que hace tan especial a estos cangrejitos, es su abdomen tan blando y delicado, que los obliga a recurrir a conchas vacías de caracoles para esconder sus partes más vulnerables. En el caso de los ermitaños terrestres, las conchas también son necesarias para mantener húmedas sus branquias y así poder respirar aún estando en tierra.
Para estos crustáceos, conseguir una buena concha es en realidad, un asunto de vida o muerte. Van inspeccionando minuciosamente cuanta concha de su tamaño se topen hasta que encuentran una mejor que la que tienen y sin pensarlo dos veces, se apoderan de ella. En áreas con escasez de conchas, han sido vistos probándose tapas de botellas y otros objetos con cavidades.
Si un cangrejo desea poseer la concha de otro, antes de batallar por ella, chocara suavemente la concha de su interés y según la resonancia, estimará el tamaño de su morador. Si considera que la concha es demasiado grande para su usuario, entonces exigirá en batalla su derecho a poseerla. En cambio, si cree que está acorde al tamaño del dueño, rara vez habrá confrontación, a menos que esta venga equipada con buenos extras como anémonas o esponjas, dos de los lujos más valiosos cuando eres un ermitaño marino.
 En el caso de las esponjas, algunos cangrejos cortan un pedazo de ella y la colocan sobre el caracol para que crezca y lo camufle, ayudándole a pasar desapercibido frente a sus depredadores. Otros prefieren asociarse con urticantes anémonas, que a cambio de protección, consiguen transporte y acceso a los restos de comida del ermitaño.Curiosamente, cuando el cangrejo cambia a otra concha, le da tiempo e “instrucciones” a su anémona para reacomodarse en su nueva casa.
A medida que el cangrejo crece necesitará cambiar varias veces de casa, por lo que andan siempre atentos a lo que haya disponible en el mercado. Los jóvenes mudan de “piel” y de concha varias veces al año, mientras que los adultos lo hacen cada 12 a 18 meses. Los ermitaños terrestres viven a lo sumo 5 años, pero algunas de las especies marinas pueden sobrepasar los 20 años de vida.
SABIAS QUE? Los Ermitaños son crustáceos decápodos (del latín “diez patas”), es decir, el grupo más evolucionado de crustáceos; el mismo al que pertenecen las langostas, centollas y camarones
DATO CURIOSO
 Los grandes cangrejos Coenobita de Bermudas solo caben en las conchas de una especie de caracol, el Cittarium. Para su mala suerte, estos caracoles eran muy sabrosos y tan apetecidos que fueron extinguidos por el hombre hace unos 100 años. Durante todo este tiempo, los Coenobita han logrado sobrevivir usando las conchas dejadas por moluscos que vivieron hace más de un siglo. De no realizar un gran cambio evolutivo, el Coenobita de Bermudas tiene sin duda, sus días contados.
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