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Al diablo con la crisis!!!
Es tiempo de sacar a relucir lo mejor de cada uno y duplicar nuestros esfuerzos para atenuar los efectos de la recesión en nuestras vidas. Si bien como individuos no podemos controlar los mega-efectos financieros de esta, si podemos defendernos de sus nocivos efectos sicológicos, que suelen ser los que causan mayor daño.  Es clave no dejar que nos desmotive ni nos quite las ganas de hacer bien las cosas. Tal como salimos de las decenas de recesiones del siglo XX, también saldremos de esta, la primera del nuevo milenio.
Dejemos que la macroeconomía reacomode las piezas, haga sus ajustes y se reactive. Mientras tanto, lo mejor que podemos hacer es concentrarnos en resguardar nuestra microeconomía, en la que sí tenemos todo que ver y por la cual podemos hacer mucho. Quienes sigan activos, trabajando con ganas y dispuestos a adaptarse, verán mejores frutos y más oportunidades que problemas. Por el contrario, quien se convenza de que no va a tener éxito y deje de intentarlo, por supuesto que no lo tendrá.
Los empresarios dinámicos y creativos se destacarán, al tiempo que ganaran algo del posicionamiento cedido por aquellos competidores que optaron por “congelarse” hasta que todo vuelva a la normalidad y las cosas sean fáciles de nuevo.
Quien viva a diario con el temor de ser despedido, trabajará desmotivado o temeroso, afectando su rendimiento y aumentando con ello sus posibilidades de ser considerado un costo prescindible en vez de una inversión valiosa para la empresa.
En cambio, quien sobresalga en su trabajo, obviamente estará más cerca de conservarlo. Una actitud motivada y comprometida con la empresa en periodos difíciles, suele ser muy valorada y con frecuencia sirve como un aventón para lograr un ascenso cuando los tiempos mejoran.
Si usted elige ser de los que luchan sin rendirse, en vez de los que se deprimen y se dejan vencer, aumentará sus posibilidades de estar entre aquellos que saldrán fortalecidos de esta recesión y se alejará del peligro de ser una víctima de ella.
No se trata de optimismo ciego ni inocencia ante el entorno. Se trata de aceptar sin temor ni alarma que hay una recesión y que esto no es lo mismo que estar realmente en “crisis”. Basta recordar que tuvimos recesiones similares en cada década reciente y que siempre salimos de ellas tal como lo haremos de esta. En segundo lugar, hay que aceptar con aplomo que la recesión puede durar desde unos cuantos meses hasta un par de años y que aunque no nos guste, tendremos que convivir con ella mientras pasa. Y tercero, entender que este contexto es global. Es decir, nos afecta a todos por igual.
Estos 3 hechos, nos conducen a una conclusión sencilla: El como nos afecte finalmente dependerá en gran medida de las decisiones que tomemos y las acciones que pongamos en práctica durante este tiempo. Para todos, el terreno es el mismo. Lo que hagamos sobre él es lo que a fin de cuentas, marcará la diferencia. ¡A perseverar!
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